lunes, 30 de junio de 2014

Globalización y envejecimiento.

Jesús Alfonso Osuna Ceballos

Unidad de Endocrinología, Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes-Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.

¿Cuál es el panorama en America Latina?

En Noviembre del año 2007 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) 9 hizo un llamado para hacerle frente al envejecimiento de la población de los países de América Latina, aplicando una iniciativa regional para la prevención de enfermedades crónicas y para mejorar el entorno social, ante la proyección de que para el 2025 habrá 14 millones de personas de 80 años o más. La iniciativa denominada “Impacta” apunta en esa dirección, “promover la salud y prevenir la discapacidad para lograr el envejecimiento activo”. La OPS define el “envejecimiento activo” como el “proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”.
De acuerdo con estudios de la OMS y de la OPS, entre los años 2000 y 2050 se prevé que la población de adultos mayores en América Latina y el Caribe aumente de 41 a 184 millones. Según estudio de la OPS se estima que para el 2010 el número de personas mayores de 60 años o más, será mayor que el número de menores de 5 años, y que para el 2050, habrán aproximadamente tantos niños y niñas menores de 5 años como personas mayores de 80 años. El índice de envejecimiento se cuadruplicará para mediados de siglo en la región. En la actualidad, el 9% de la población de América Latina tiene 60 años o más y para el 2050 uno de cada cinco latinoamericanos tendrá esa edad. Estos cambios demográficos que ya nos están llegando, imponen grandes desafíos a los gobiernos de nuestros países, los cuales deben promover medidas y acciones oportunas para atender a una población que envejece, factor que compromete seriamente el desarrollo de la región. La OMS ha señalado que el envejecimiento de la población afectará tanto al mundo en desarrollo como al desarrollado.
Pero “los países en desarrollo envejecerán antes de volverse ricos”. Además de asignar un PIB adecuado para atender a los adultos mayores, es necesario ayudar a crear una “cultura en salud y para la salud”, la cual debe iniciarse en la juventud. La distribución de la población de adultos mayores no es similar en la región; algunos países muestran los índices más altos, en Centro América: Costa Rica, Panamá y El Salvador. En el Caribe, Cuba y Puerto Rico. Argentina y Uruguay en Sudamérica y en Norteamérica, Canadá y Estados Unidos10,11.
A las penurias del envejecimiento se suman los efectos nocivos de un mercado de los medicamentos cada vez más excluyente, que además de sus altos costos, se incrementa por la tendencia a la “polifarmacia”, suma de inexperiencia con mala formación de muchos profesionales de la medicina, elevando aún más el costo de la cuota diaria requerida para el mantenimiento de la salud en los adultos mayores. Lo ético, la formación y la responsabilidad profesional van juntos. No es infrecuente que éstas sean carencias notorias de muchos facultativos. Numerosos estudios han demostrado que las personas mayores de 65 años toman un promedio de 5 a 7 medicamentos, casi todos innecesarios. El Estudio Colaborativo de Boston evidenció que 1 de cada 1.000 ancianos muere por complicaciones medicamentosas. Se suma a todo esto la floreciente y exitosa modalidad de los tratamientos antienvejecimiento, donde abunda la superchería de mano con la especulación. Ambas son reflejo de la ausencia de mecanismos efectivos de control y la disminución de recursos médicos, particularmente bien formados, para atender a esta población, así como de un sistema que contribuya a educar y orientar sobre salud de los ancianos, tanto a profesionales como a los pacientes12.
El envejecimiento de la población en América Latina es un proceso irreversible. El informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) del pasado 12 de Junio, señala que en los próximos 40 años el número de personas mayores representará casi un cuarto del total de los habitantes de la región. Además, llaman la atención sobre el debilitamiento económico de la clase media, lo cual de acuerdo con ese organismo se convierte en factor negativo para el desarrollo. Y es que no será la clase media la única que sufrirá las consecuencias del deterioro de las economías de la región, serán todos los grupos sociales menos pudientes los que pagarán la cuota más alta de los efectos de una mala nutrición, de enfermedades relacionadas con los cambios climáticos y las carencias de servicios sanitarios. Pero las poblaciones más vulnerables serán los niños, los ancianos y los enfermos. No cabe lugar a dudas que los problemas se agravan para los adultos mayores, porque en general en América Latina la cobertura social es reducida y sólo cerca de 50% de la población recibe pensiones. (CEPAL-2008)13.





Fuente:http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1690 31102009000100002&lng=pt&nrm=iso&tlng=es


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