lunes, 30 de junio de 2014

LA VEJEZ DESDE LA MIRADA DE LOS JÓVENES CHILENOS: ESTUDIO EXPLORATORIO



Marcelo Arnold-Cathalifaud* 
Daniela Thumala** 
Anahí Urquiza*** 
Alejandra Ojeda**** 

* Director Observatorio Social de la Vejez y Envejecimiento en Chile. Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales, Santiago, Chile. 
** Directora ejecutiva Fundación Soles. 
*** Académica Programa de Magíster en Antropología y Desarrollo, Departamento de Antropología, Universidad de Chile, Santiago, Chile. 
**** Académica Programa de Magíster en Antropología y Desarrollo, Departamento de Antropología, Departamento de Antropología, Universidad de Chile, Santiago, Chile. 



RESUMEN 

Esta investigación buscó conocer la mirada que los jóvenes chilenos, en este caso universitarios, tienen sobre la vejez. El trabajo está basado en corrientes del pensamiento gerontológico que destacan que en gran medida las minusvalías de las personas mayores son producto de su exclusión social y de un contexto cultural desfavorable, más que de su estado físico o condición mental. De qué manera se dan estas exclusiones fue el objeto de una investigación realizada entre jóvenes chilenos, a partir de la aplicación de una prueba de diferencial semántico a 682 estudiantes universitarios. El propósito del estudio fue ampliar el conocimiento sobre las imágenes que los jóvenes universitarios chilenos tienen de la vejez y proponer, a la luz de sus resultados, una reflexión sobre algunas de las consecuencias que estas imágenes pueden tener en nuestra sociedad. Los resultados mostraron un predominio de imágenes negativas que son generalizadas y proyectadas sobre la vejez, las que podrían estar afectando las perspectivas de bienestar de los adultos mayores actuales y futuros en un contexto creciente de envejecimiento poblacional y aumento de las expectativas de vida. 


Resultados 

Como se observa en el gráfico, los resultados que arrojó la aplicación del diferencial semántico reflejaron tendencias comunes en las imágenes que tienen los jóvenes sobre la vejez. En efecto, pareciera ser que las variables consideradas en el estudio —género, procedencia y nivel socioeconómico— no estarían influyendo significativamente en las imágenes que los jóvenes construyen sobre esta etapa de la vida. 

De acuerdo con la prueba de diferencia de proporciones aplicada, los jóvenes tienden a ver a los adultos mayores y ancianos más «conservadores» que a las ancianas. En primer lugar, llama la atención la tendencia de más del 68% de los encuestados a evaluar a los adultos mayores, ancianas y ancianos como «conservadores». Para el caso de las ancianas el 68,33% respondió con tendencia a los valores negativos, frente a los ancianos el 77% de la muestra los ubica cerca del extremo «conservador» y el 76% tiende a considerar que los adultos mayores son personas «conservadoras». 

Es importante destacar que, en proporciones iguales o mayores al 50%, los entrevistados ubicaron sus respuestas para este atributo entre los valores 1 y 2 del diferencial semántico, es decir en las puntuaciones extremas, lo cual refleja la fuerza y peso que esta imagen tiene en los jóvenes.


Gráfico 1 
Comparación de tendencias obtenidas para Adulto Mayor, 
Anciana y Anciano 
(Los valores positivos representan el porcentaje de tendencia hacia 
el polo positivo. Los valores negativos representan el porcentaje 
de tendencia al polo negativo) 





Respecto de la sexualidad, aún cuando a los adultos mayores, ancianas y ancianos se les atribuye una marcada tendencia a la inactividad sexual, las ancianas representan fuertemente esta imagen lo que las diferencia significativamente de los adultos mayores y de los ancianos. Un 69% de los encuestados tendió a considerarlas «sexualmente no-activas», mientras que la tendencia a considerar a los ancianos como «no-activos» fue de un 62% y, para el caso de los adultos mayores, de un 61%. 

Es interesante considerar que al observar las puntuaciones extremas del polo «sexualmente activo» (puntuaciones 6 y 7) se advierte que los adultos mayores se diferencian significativamente de los ancianos y ancianas al ser avaluados como más activos sexualmente, con un 9% de respuestas versus el 5% y 6% para las ancianas y ancianos, respectivamente. 

Se observa un consenso entre los jóvenes para calificar tanto al adulto mayor, a la anciana y al anciano, como personas «enfermizas», «frágiles», «marginadas», «desvaloradas socialmente» y «dependientes». Estas imágenes pueden relacionarse tanto con la idea de una pérdida de la vitalidad física («frágil», «dependiente», «enfermizo»), como con la impresión de una progresiva desvinculación de la sociedad («marginado», «desvalorado socialmente»). 

Frente al par adjetivo «saludable-enfermizo», si bien en general se percibe a los adultos mayores, ancianas y ancianos como personas enfermizas, los ancianos son los peor evaluados con una tendencia de un 70% que los considera «enfermizos», diferenciándose de las ancianas y adultos mayores, quienes muestran una tendencia del 64% y 62%, respectivamente. 

Respecto del par «frágil-resistente» el 66% de los encuestados ubica a los adultos mayores cercanos al polo de «frágiles», un 65,25% lo hace para los ancianos y el 77,71% atribuye esta característica a las ancianas, quienes son vistas como más frágiles que los otros dos grupos. 

En cuanto a la «integración» social, la tendencia a considerar a los adultos mayores como personas «marginadas» es del 52%; el 50% lo estima para las ancianas y el 54% lo hace para los ancianos, diferenciando a estos últimos de los otros dos grupos al ser considerados como personas más «marginadas» socialmente. 

En relación a la imagen de valoración o desvalorización de la vejez, se observó una tendencia del 59% a considerar a los adultos mayores como personas socialmente «desvaloradas», la tendencia para las ancianas fue del 53,23% y 55% para los ancianos. 

Se aprecia en los jóvenes una marcada tendencia, entre el 64% y 67%, a evaluar a los tres grupos como personas «dependientes». Ahora, al revisar las puntuaciones extremas, llama la atención que el anciano es considerado como «independiente» por un porcentaje significativamente menor en comparación a las ancianas y adultos mayores en sus puntajes extremos (6 y 7). 

Respecto de los pares de atributos «ciudadano activo-ciudadano pasivo», se observó, entre un 49% y 53%, una tendencia a considerar a las tres categorías de personas como «ciudadanos pasivos». Ahora bien, las puntuaciones extremas positivas (6 y 7) diferencian significativamente a los adultos mayores de las ancianas y ancianos para el atributo «ciudadano activo» con un 32% de respuestas para estos puntajes extremos frente al 29% obtenido tanto por las ancianas como ancianos. 

En cuanto al par «protegido-desamparado», la tendencia fue a evaluar como «desamparados» a los ancianos y ancianas, observándose porcentajes de entre un 31% y 50% respectivamente. Sólo los adultos mayores fueron considerados como personas «protegidas» (43%). 

Aún cuando en general los adultos mayores, las ancianas y los ancianos son evaluados negativamente, hubo diferencias interesantes para el par adjetivo «productivo-improductivo». Se observó una tendencia a considerar a los adultos mayores como personas «productivas» (43%), diferenciándose significativamente de los ancianos, quienes presentaron una tendencia hacia el polo «improductivo» de un 48% y de las ancianas, las que no fueron evaluadas con una tendencia clara hacia ningún polo del atributo. 

Estas diferencias podrían relacionarse tanto con variables de género como con las edades atribuidas por los encuestados al adulto mayor, anciana y anciano. En nuestro país muchas de las actuales ancianas no desarrollaron durante su juventud y adultez una actividad remunerada, que generalmente se asocia con «productividad», lo que puede explicar la falta de una tendencia clara en este atributo para ellas. 

También frente al par adjetivo «eficiente-ineficiente» en el reactivo adulto mayor se observó una tendencia clara y positiva en las respuestas, con un 41,6% cercano al polo «eficiente» y un 25,7% al polo «ineficiente». Para las ancianas y ancianos la prueba de diferencia de proporciones no arrojó diferencias intra-grupo, por lo que no es posible hablar de tendencias en las respuestas referidas a estos dos reactivos. 

Es interesante destacar que, en general, el anciano representa al grupo peor evaluado en la prueba, ya que además de atribuírsele las mismas características negativas que a los otros dos reactivos, es visto como una persona más «intolerante», «desconfiada» y «conflictiva» que las ancianas y adultos mayores, diferenciándose significativamente de estos dos grupos. 

Debemos destacar también, que en el par adjetivo «no conflictivo-conflictivo» sólo para el reactivo anciano los jóvenes mostraron una tendencia negativa clara en su evaluación, al considerarlo cercano al polo «conflictivo» (48,53%). 

Si bien, en la mayoría de los pares adjetivos las tendencias asignan a la vejez los atributos negativos, para el par adjetivo «hábil-torpe», tanto los adultos mayores como las ancianas mostraron tendencias hacia el extremo «hábil» (42% y 43%, respectivamente). Para el caso de los ancianos, de acuerdo con la prueba de diferencia de proporciones, no se observó una tendencia hacia ninguno de los extremos del par adjetivo. 

Solamente en el par adjetivo «sociable-retraído» los tres grupos fueron mejor evaluados. Un 56% evaluó a los adultos mayores cercanos al polo «sociables». Lo mismo ocurrió con las ancianas, evaluadas con una tendencia del 61,58% hacia este extremo. Por su parte, los ancianos también fueron evaluados positivamente pero con una tendencia del 44,28% de respuestas. 

En síntesis, si bien se observaron algunas tendencias a evaluar positivamente a los adultos mayores, ancianas y ancianos, las imágenes que los jóvenes construyen en torno a la vejez tienden a ser, para la mayoría de los pares de adjetivos, negativas, aún cuando se perciben algunas diferencias en el «nivel o grado» de negatividad frente a algunos adjetivos para los tres reactivos. Esto confirma que, pese a las diferencias encontradas, los estereotipos sobre la vejez están fuertemente marcados por evaluaciones negativas en las atribuciones de los jóvenes encuestados. 

Finalmente, los tres grupos presentan algunas diferencias significativas en las tendencias positivas, quedando las ancianas como las mejor evaluadas, seguidas por los adultos mayores y luego por los ancianos. 


Conclusiones 


Nuestros resultados son consistentes con los obtenidos en varios de los estudios revisados, particularmente con aquellos pertenecientes a la cultura occidental. Hemos constatado que las atribuciones que aplican los jóvenes chilenos a la vejez apuntan a una idea de decadencia. Esta decadencia puede ser interpretada como otra consecuencia no esperada de nuestros procesos de modernización, como es el caso del aumento promedio de la esperanza de vida al nacer, y que finalmente se traduce en la exclusión social para este grupo etario. Este proceso se desarrolla a partir de un vacío de roles positivos, comúnmente denominado «muerte social» y en sentimientos de soledad, término usado muchas veces por los mayores para describir lo que podría ser definido como síntomas depresivos (Barg et al., 2006). Estos efectos se multiplican en tanto las solidaridades intergeneracionales entran también en crisis. 

Podemos concluir que la mayoría de los jóvenes encuestados perciben la vejez como una desgracia. Posiblemente ello tenga relación con la sobrevaloración que hoy en día se tiene de la juventud. En una sociedad donde la realización personal se asocia al éxito y éste es vinculado al logro de estatus y dinero, las capacidades competitivas, atribuidas mayoritariamente a los jóvenes y adultos jóvenes, son vistas como centrales para acceder a la felicidad. 

Sin proponérselo, los jóvenes bajo estudio generalizan estereotipos que no se empalman con las actuales posibilidades de los adultos mayores y que, por el contrario, estimulan la resignación y el fatalismo. Aparentemente, para estos jóvenes, la vejez provocaría angustia o vergüenza. Sin duda, gran parte de estas impresiones se recogen desde imágenes que circulan en la sociedad, las cuales presentan como adultos exitosos a aquellos que parecen o luchan por no envejecer. Todo lo anterior contribuye a la configuración de un entorno social que tiene mucho de geronto y gerascofóbico, en donde predominan actos discriminatorios frente a las personas consideradas como «viejas» y temores manifiestos ante el propio envejecimiento. 

Los estereotipos contenidos en las imágenes sociales indicadas, condicionan a los ancianos a aceptar «una realidad» montada sobre prejuicios que finalmente hacen suya, padeciendo las consecuencias de ello. En este contexto no es extraño que muchas de las personas que se aproximan a la vejez se enfrenten a una lucha por aferrarse a las cualidades propias de una juventud y adultez joven idealizada, lo que les puede generar por consecuencia importantes sentimientos de frustración. 

Importa señalar que estas ideas —expectativas y representaciones— pueden llegar a afectar la salud de los actuales adultos mayores, si éstos asimilan las imágenes que se les asocian como «condiciones normales para su edad» descuidan sus tratamientos y pierden la motivación por realizar los esfuerzos que requieren para mantener una vida saludable, con buenos niveles de bienestar físico y psicológico. Por ejemplo, y para el caso de la soledad, si bien no hay impedimentos para que los adultos mayores mantengan o retomen su vida amorosa, el contexto social juega en su contra dificultando la experiencia de disfrutarla. 

Finalmente, debe destacarse el hecho que los jóvenes tengan imágenes negativas y pesimistas sobre la vejez, no deja de ser también un importante problema para ellos mismos. Sus imágenes constituyen expectativas sobre sus propios futuros: los jóvenes también envejecerán y deberán enfrentar esa etapa con sus propios estereotipos, aquellos que hoy reproducen. Como señalan Holstein y Minkler (en Hendricks y Russell, 2006:310) «the power of unexamined cultural images subtly invades consciousness even when prejudicial to the person internalizing them … older people try to become what culture signals as desirable without always recognizing where the pressures originate and even if those efforts are ultimately self-defeating». Paradojalmente, los jóvenes quieren y pueden vivir más años que sus ancestros, pero no desean ser ancianos. Es en este sentido que afirmamos que el envejecimiento de nuestra población se sustenta sobre estructuras sociales y representaciones que le dan la espalda a estos procesos. 

Por lo señalado, creemos que comenzar a develar las imágenes que predominan en nuestra sociedad sobre la vejez puede resultar un aporte a su reflexión y cuestionamiento, lo que constituye un paso en la dirección de cambiarlas y con ello mitigar los efectos no deseados de las representaciones que prescriben normas de comportamiento que restringen las efectivas posibilidades de los que envejecen. 


Santiago (Chile), marzo 2007


Investigación desarrollada en el marco del proyecto Anillos de Ciencias Sociales patrocinado por la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) y el Banco Mundial. Este artículo contó con la colaboración de las sociólogas Florencia Jensen y Natalia Vogel, asistentes de investigación del Programa de Magíster en Antropología y Desarrollo de la Universidad de Chile, y la asesoría de Tamara Arnold como analista


Referencias
Adelantado, F.; C. Segura, J. De Andrés, T. Feliu y P. Martínez (2004): «Los mayores de 85 años en Sabadell» Revista Multidisciplinar de Gerontología Volumen 14, Nº5.         

Aguilera, M. (2005): «Las nuevas proyecciones de población». Santiago: Ine.

Arnold, M. (2003): «Fundamentos del constructivismo sociopoiético». Cinta de Moebio N°18. Santiago: Universidad de Chile.       

Barg, F.; R. Huss-Ashmore, M. Wittink, G. Murray, H. Bogner, H. y J. Gallo (2006): «A Mixed-Methods Approach to Understanding Loneliness and Depression in Older Adults». Journal of Gerontology: Social Sciences Vol. 61B, Nº6.         

Bravo, J. y F. Bertranou (2006): «Evolución demográfica y pensiones en Chile». Oit Notas Nº4.         

Feixa, C. (1996): «Antropología de las edades». En J. Prat y A. Martínez (editores): Ensayos de antropología cultural. Barcelona: Ariel.         

Gómez Carroza, T. (2003): «Heteroestereotipos y autoestereotipos asociados a la vejez en Extremadura». Tesis Doctoral. Universidad de Extremadura, Facultad de Formación del Profesorado, Departamento de Psicología y Sociología de la Educación, Cáceres.         

Hendricks, J. y H. Russell (2006): «Lifestyle and Aging». En R. Binstock y L. George (editores): Handbook of Aging and the Social Sciences. Amsterdam: Academic Press.         

Informe del Comité Nacional para el Adulto Mayor (2002): «Encuesta imagen de la vejez». Santiago.        

Ine/Cepal/Celade (s/f): «Chile: proyecciones y estimaciones de población. Total país 1950-2050». En: www.ine.cl.  

Luhmann, N. (1998): Die Gesellschaft der Gesellschaft, Suhrkamp Taschenbuch Wissenschaft 1360, Suhrkamp Taschenbuch Verlag, Frankfurt am Main. 
     

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